Sobre la intervención de Filosofía y Geografía

La historia de los departamentos de Filosofía y Geografía ha corrido siempre pareja. No sólo el espacio físico compartido es lo que tienen en común, a modo de espejo, sino también el lugar al que han sido condenadas estas carreras: moneda de cambio para negociar entre sectores con más poder en la facultad y la caja para enriquecer otras carreras, subejecutando sus presupuestos. Sin embargo, como algo intrínseco al saqueo y al empobrecimiento de nuestras disciplinas, desde hace más de una década que existe una incansable organización de la resistencia para revertir esta situación.

Así, disputando cada instancia, llegamos al final del 2017 con una conformación inédita e idéntica en ambos departamentos: mayoría estudiantil, minoría docente y cuerpo graduado conformaron una discusión y un proyecto interclaustral que permitieron, por primera vez en la historia, poner directora y director por fuera de los grupos de poder que siempre tuvieron el control. Desde ese momento sabíamos que lo que venía iba a ser más duro que nunca, porque la camarilla no acepta perder, no acepta no conducir, entonces juega sucio -apelando a las maniobras más ruines-. Y así fue, así llegamos a este momento decisivo, no sólo para el presente, sino principalmente para el futuro más cercano.

Para quienes intentan retomar el control tras bambalinas no importa absolutamente nada. Ni el mayor índice de participación, ni la regularización de las sesiones del CAD -y sus actas-, ni la toma de decisiones de la carrera en el ámbito público, ni la socialización de la información, ni la apertura de las puertas para quienes siempre quedamos excluides. En Filosofía, por ejemplo, en lo que va del año ya hubo más sesiones que en 6 o 7 años juntos, un seguimiento a les ingresantes a través de un flamante curso de ingreso y permanencia para paliar el desgranamiento de la matrícula -con informe incluido-, hasta se realizó un inédito análisis público de la planta docente con proyecciones que contenían cuadros y estadísticas. Nada de todo esto vale para quienes ven en estas nuevas modalidades una pérdida de control de territorios, de recursos y, potencialmente, de votos. Porque esto es lo que siempre está de fondo: los concursos que garantizan votos, que garantizan poder, que garantizan recursos, los cuales se reparten a discreción entre unos pocos y con las migajas renuevan a los esbirros. Así se cierra el círculo, así destruyen nuestras carreras, así entran los loboscos, los beades, los bainos, etc.

Entonces, como no controlan el destino de los consejos departamentales despliegan su juego sucio: asedio, boicot e intervención. Este mecanismo se viene organizando por etapas. Por empezar, cuando las gestiones salientes se retiraban, dejaban marcada la cancha: todo recurso que estuviera libre o que fuera a estar libre en un futuro cercano sería condicionado. ¿De qué modo? Manejando los jurados de los concursos, para garantizar que nadie que ose ser oposición o no responder a sus mandatos pueda ingresar a la carrera. En Filosofía realizaron una jugada terrible: antes de que la gestión Britos se retire, aprobaron, en una sesión exprés de 10 minutos, un paquete de 14 concursos atados a jubilaciones que aún no habían salido. Es decir, condicionaron la administración futura de la carrera y de sus recursos de manera absolutamente ilegítima. De más está decir que no existió el más mínimo argumento de por qué los concursos se proponían para los cargos que eligieron. Como siempre, los motivos eran inconfesables y no respondían a las necesidades de la comunidad, sino a los de obstaculizar el ingreso de cualquier cuerpo extraño y promover la llegada de “los amigos de siempre”.

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El asedio se dio durante la primera mitad de este año. En Geografía debieron tolerar que Lombardi (ex directora) y compañía irrumpieran en la oficina sistemáticamente para hostigar y semblantear al secretario y a la directora. En los consejos departamentales cuestionaban cosas absurdas con  intenciones de amedrentar y de golpear subjetivamente. En Filosofía se dio el drama de los concursos truchos. Ante la solicitud de que vuelvan al Departamento 7 de los 14 expedientes que contenían las solicitudes de concursos, la respuesta de la gestión de Humanidades (el mismo sector político de la ex directora Britos, la UCR – Cambiemos) fue una burla: gritos y maltratos sistemáticos del consejero Artieda en contra del director de la carrera y la propuesta de un diálogo con la ex-directora Britos. El resultado: el mismo, darle curso a esos concursos que nunca pudimos discutir, ni pensar. Los otros 7 concursos, habían vuelto al Departamento por problemas de jurados, tras realizar el análisis de planta se solicitó que 6 de los 7 pasen a archivo y se elevaron 10 nuevos pedidos (con cargos menores y 2 ayudantías estudiantiles extra). Llegada la segunda mitad del año entramos en la etapa donde la intensidad de las hostilidades y la manipulación se profundiza en la búsqueda de daños definitivos. Justamente, el miércoles pasado se trataron en el Consejo Académico 3 de los expedientes que contienen los pedidos de concursos que el Consejo Departamental decidió replantear. En el dictamen de comisiones (instancia previa al plenario), la gestión de Humanidades ya manifestó con su mayor desparpajo que no piensa discutir esto y que van a dar curso a los pedidos. Esto es un modo de desoír lo que el CAD conformado con todos los cuerpos, por mayorías y minorías, ha decidido que sería lo mejor para la carrera. Eso se llama boicot e intervención política. Ante la denuncia pública de la intervención, la jugada en el plenario del académico fue la misma que con el anterior paquete de 7 concursos: que pase a comisiones, es decir, meterlo en el freezer, intentar diluir el descontento creciente (algo así como tratar de esconder un elefante bajo la alfombra), esperar y finalmente revertir la decisión del Departamento de Filosofía que solicitó archivar estos expedientes.

El boicot es a las decisiones que el cuerpo colegiado toma. Quienes integramos las comunidades de Filosofía y Geografía vemos poner en tela de juicio todo lo que hace a la estructuración de nuestros departamentos. Ante cada cosa hay un “pero”, incluso ante cosas absurdas como el otorgamiento de funciones docentes en otro cuatrimestre para una profesora de Geografía. Las cosas que suelen ser una mera formalidad en cualquier carrera, en las nuestras se vuelven un objeto de discusión que incluyen hasta cartas de denuncias por hechos que son construidos falazmente.

Finalmente, se da la pantomima en la cual se puede decir cualquier cosa, corporativamente, y con la complicidad de la mayoría estudiantil de Humanidades por el Proyecto, le dan curso a cualquier clase de mentira. Un mecanismo perverso donde alguien miente o establece un argumento ad hoc y todo el resto lo enaltece como una verdad revelada. A través del refuerzo de sus propias mentiras o maniobras llega la intervención de hecho. Si bien no es formal, lo cierto es que los Departamentos de Filosofía y Geografía pasan a ser meras oficinas administrativas donde no hay posibilidad de decisión sobre los recursos ni sobre la planta docente. Dan clases cuando se les antoja, se meten en las cátedras que se les antoja, agarran los cargos que se les antoja, aprueban y rechazan concursos y registros según sus intereses punteriles. Además de todo esto, pretenden que quienes somos sometides nos quedemos calladites y sin chistar, buscan hacernos pasar por violentes y nos quieren hacer creer que somos nosotres quienes decidimos. Es el cuento de la buena pipa, hacen lo que quieren, nosotres denunciamos sus manejes fraudulentos y nos acusan de violencia. Siniestro, perverso.

Un párrafo aparte merece la supuesta oposición compuesta por la mayoría docente. Sus “pactos preexistentes” con Sleimen y cía. se llevan puestas a Geografía y, especialmente, a Filosofía. En lo que va del año, las promesas de defensa de las decisiones del Departamento de Filosofía no han sido más que eso. Cuando el bloque interclaustral de la gestión interviene, Docentes por Humanidades acuerda con “mandar las cosas a comisión”. Nada positivo salió de las comisiones para Filosofía, de hecho salió todo lo que la gestión quería. Asimismo, cuando hemos intentado defender a alguna docente de este sector frente a los gritos e improperios del consejero Bustos, les violentes hemos sido nosotres. Inclusive, y este es el colmo de las ironías, ante el recuerdo de cuando el secretario del CA, Germán Takla, en plena sesión estampó contra un vidrio -que se rompió- a un estudiante y su confirmación de que lo volvería hacer, se escuchó la justificación de este sector: “se estaba defendiendo; le querían sacar las actas”. El machismo y los tintes aristocráticos que destilan nos ubican en el lugar de les criminales indefectiblemente, es un dogma. De pronto, quienes hemos defendido a Filosofía y Geografía durante casi 20 años y que por primera vez accedemos a participar de la conducción del Departamento, somos el problema. Esta maniobra discursiva que busca forzar sentidos también es perversa. 1) Digo que soy oposición. 2) Ante el avasallamiento de la gestión a las carreras más débiles opongo una resistencia superficial. 3) Priorizo los “pactos preexistentes” frente a cualquier tipo de atropello. 4) Frente a la crítica por este movimiento hostigo a quienes se oponen a la gestión, les acuso y me victimizo. 5) Concluyo que el problema no es la gestión que interviene sino quienes se oponen a la intervención. ¡Aplausos! ¿Qué deducimos? “Mientras no se metan con Letras e Historia, con Geografía y Filosofía hagan lo que quieran”. -Fin del párrafo aparte-.

El asunto de fondo, al final, siempre es el mismo: no concursar adversarios políticos o disidencias que pongan en discusión el reparto del presupuesto y de cargos. Dinero y poder. Poder y dinero. Suena ridículo, pero esto rige en el seno de la institución universitaria. Las consecuencias: la pauperización de nuestra formación, la instalación de un sentido corporativo y acrítico frente a las jerarquías prestablecidas, reproducción de un orden piramidal y hereditario. Casi que para ser docente en Humanidades hay que tener sangre azul o ser unx buenx chicx de los mandados. Así, dependiendo de la disciplina que estudiemos, en algunas carreras podremos formarnos mejor que en otras, y en las que no, quedamos marcados por la mediocridad de nuestra formación, cosa que se evidencia cuando nos encontramos con compañeres de otras partes del país.

A pesar de todas las trabas, de la estigmatización, de la persecución sistemática, sabemos que estamos avanzando en la democratización de nuestras carreras. Sabíamos que las hostilidades se recrudecerían en la medida en que impulsáramos nuestros proyectos de apertura consecuentemente, contábamos con la miseria de siempre. Por eso no claudicaremos, nunca. Sabemos que estamos frente a un proceso histórico, inédito en nuestra facultad -y probablemente mucho más allá de estas fronteras-. Es necesario seguir organizades, bien juntes, en las asambleas, participando en los órganos de cogobierno, para poder empujar el bloqueo un paso más, quizás alguna voluntad suelta tenga la capacidad crítica de la reflexión y se de cuenta de que esta vieja política huele rancio. Ya formamos parte de la historia de la UNMDP, ¡vamos a abrir sus puertas para les hijes de les trabajadores!

lechu

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