Sesión de Consejo Académico 24-5-2017

El caso Lobosco

El miércoles 24 de Mayo se llevó a cabo una sesión del Consejo Académico fuera de lo común: estuvo colmada por más de un centenar de personas. Conforme a los casos de acoso y hostigamiento sobre los que se trabajó en la Secretaría de Géneros del CEH, se hicieron las presentaciones. Por un lado se trataron los casos concernientes a estudiantes -ante los cuales la gestión no tuvo objeciones-. Por el otro, el caso que hemos denunciado durante las últimas semanas: las consejeras departamentales de Filosofía del Colectivo Mundo x Ganar presentaron una nota solicitando que se tomaran las medidas necesarias a través de las cuales el docente Lobosco no vuelva a estar frente a una clase. El accionar de la gestión de Humanidades, muy flexible a la hora de aprobar designaciones a dedo o pasar por encima decisiones de Consejos Departamentales a las que se oponen, fue reprobado por el conjunto de lxs asistentes: dijeron que si bien estaban de acuerdo con la preocupación planteada no podían hacer nada. Así, se limitaron a votar la solicitud de aceleración del tratamiento en el Consejo Superior. Quedó claro: su nivel de compromiso con la seguridad de las estudiantes y las docentes es nulo. Vale aclarar el valor de la presencia de compañeras con el coraje para acercarse y contar sus casos en la sesión. Asimismo, el cinismo de la gestión se presentó en el maltrato o el ninguneo a las compañeras denunciantes, en las provocaciones de las consejeras, en las excusas burocráticas o leguleyas de la decana Coira e incluso en la puesta en escena del abogado de la facultad -mejor conocido como “el Checho”- quien no tenía reparo en asegurar que él recomendaba el silencio del órgano de co-gobierno. Sin cuidado de las víctimas no hay “Ni una menos”. Sin embargo no nos callamos: ¡Fuera Lobosco, el acosador, de la UNMDP!

Asamblea de Humanidades

Luego de lo anteriormente relatado, se llevó a cabo una asamblea en la cual se discutió lo sucedido.

Acá adjuntamos las resoluciones:

Lunes 29: 10 hs – corte de calle, luego escrache en el aula donde Lobosco dicta un seminario.

Lunes 5: mesa de escrache – estado de alerta y movilización a la espera de los sucesos que vayan aconteciendo.

Miércoles 7: 18 hs -Asamblea de Humanidades

Jueves 8: Movilización al Consejo Superior

.

Humanidades

.

.

¿Qué es hoy el CEH?

El Centro de Estudiantes de Humanidades (CEH) se volvió un kiosquito que ofrece unos pocos servicios. La actual conducción, Humanidades x el Proyecto, mantiene una alianza (a veces explícita, otras tácita) con las autoridades de la facultad, desde la Decana Coira hasta las camarillas de cada uno de los departamentos. Esta política, lejos de ser innovadora, es la misma que llevan adelante las conducciones radicales a lo largo y  ancho del país: la famosa Franja Morada, como el Dios de Nietzche, todavía posee una representación fantasmagórica en Humanidades, incluso después de casi una década de no tener participación política de manera pública en la Facultad.

HxEP no solo apoya a la Decana Coira, sino que hace todo lo posible por hacernos creer que las cosas están bien como están, que nada se puede cambiar, que no hace falta movilizar. No organizan el CEH para enfrentar el ajuste de Macri; para luchar por el boleto educativo gratuito, el edificio único, doble banda horaria, y el resto de las reivindicaciones históricas del movimiento estudiantil. Se reúnen con autoridades de la universidad y con funcionaries de la ciudad a espaldas de les estudiantes, bajo una posición burocrática que, para colmo, tampoco significa una mejora real de nuestras condiciones de cursada. Pero cuando hay Asambleas de Humanidades es cuando su comportamiento de burocracia sindical alcanza su grado más alto: interrumpen a les estudiantes opositores, se burlan, patotean, manipulan las votaciones, mienten y amenazan. Hacen todo lo posible para que las discusiones no avancen, para que el movimiento estudiantil no se ponga de pie. Pero, sin dudas, lo más grave es que violan sistemáticamente el mandato de la Asamblea. Siempre hacen lo que quieren sin importarles las posiciones de les estudiantes. ¿Eso entiende HxEP por “conducción democrática? Raro concepto de democracia el que manejan, entonces.

Esto es posible porque hoy en día la estructura jerárquica del CEH habilita a la agrupación que gana las elecciones y ocupa la presidencia a que decida qué va a hacer durante todo el año sin que se reflejen las inquietudes e intereses del resto de les estudiantes. De este modo, HxEP y su concepción de CEH son un palo en la rueda que impide el desarrollo organizativo y la lucha por las reivindicaciones estudiantiles. La situación es grave: mientras el gobierno avanza sobre la Educación Pública, pauperiza el salario de nuestres docentes, recorta el presupuesto en la universidad, despide científicos y quiere precarizar las condiciones de vida de nuestro pueblo, nuestro CEH, que debería ser la herramienta para enfrentar estas políticas, es cómplice, sea por decisión política o omisión.

Algo se mueve desde abajo

Aunque el panorama parezca desolador, es un hecho que les estudiantes se vienen organizando por abajo a pesar de las políticas desmovilizantes de la conducción del gremio. Las asambleas por carrera son el motor que impulsa la resistencia contra el ajuste y el vaciamiento en la Facultad. Para cada conflicto, en cada cursada, contra toda injusticia y por cada reivindicación, hay una respuesta colectiva, horizontal, participativa y permanente desde la organización en los espacios públicos de las asambleas donde confluyen distintas tendencias políticas y estudiantes no agrupades.

Cada asamblea cuenta con su propia historia de lucha y sus acuerdos políticos al interior. No son meros espacios reivindicativos; son la principal herramienta política de los estudiantes para tomar decisiones. Las asambleas son espacios de participación directa y construcción colectiva donde comenzamos a prefigurar la democratización de nuestro gremio y, a su vez, de los órganos de cogobierno pues les consejeres estudiantiles participan de los mismos bajo el mandato asambleario y pueden ser revocados.

A lo largo de los años, les estudiantes organizades en asambleas han desarrollado debates en torno a sus disciplinas en pos de la construcción de conocimiento crítico participando de articulaciones a nivel nacional en federaciones o asambleas que nuclean compañeres de otras universidades del país. Las experiencias son diversas, pero el objetivo es claro: organizarnos para enfrentar a la ideología dominante como estudiantes en instituciones académicas públicas y como futures trabajadores.

Por otro lado, la construcción de asambleas permanentes no sólo se multiplica en la Facultad de Humanidades, en las carreras de Geografía, Sociología, Letras,  Historia, Ciencias Políticas y Filosofía, sino que también existen experiencias en la Facultad de Ciencias de la Salud y Trabajo Social como la Asamblea de Trabajo Social. Incluso, ejemplos como la Asamblea de Graduados de Geografía o la Asamblea de Filosofía demuestran que se ha construido un proyecto de universidad desde las bases que no se agota en las reivindicaciones estudiantiles, sino que hay una visión integral sobre la academia y sus actrices.

¿Qué CEH necesitamos?

Por si hace falta aclararlo: uno totalmente distinto al que tenemos hoy. Necesitamos un gremio horizontal, asambleario y participativo para enfrentar los avances privatistas y el ajuste del gobierno de Macri. El CEH tiene que ser de les estudiantes y no de un grupo de futures funcionaries que tienen arreglos con las autoridades. El CEH debe dejar de funcionar como una PyME y pasar a ser un espacio genuino de participación abierta y plural donde confluyan distintas expresiones políticas, compañeres agrupades y no agrupades que se organicen para luchar contra las injusticias y conquistar nuestras reivindicaciones. A la apropiación privada del CEH que ejerce la actual conducción, HxEP, debemos oponerle una pluralidad de tendencias construyendo desde abajo, propulsando la democracia de base, creando espacios abiertos de trabajo colectivo y aboliendo las jerarquías en la estructura gremial.

¿Por qué no un cuerpo de delegades?

Un cuerpo de delegades es un espacio donde confluyen lógicas de representación, en mayor medida, y de participación, en menor medida. Pueden ser una herramienta gremial positiva en períodos de baja participación o en Facultades donde no existen espacios de organización permanente de los estudiantes. Funciona con la elección de delegades en cada cursada que confluyen en una instancia de centralización resolutiva. Sin embargo, el cuerpo de delegades es una herramienta más de una democracia gremial que debe ser un todo integrado. No puede ser propiedad de ninguna agrupación. No puede ser ajena a las decisiones que se toman en las asambleas por carrera. Debe ser una instancia mandata por la asamblea general de todes les estudiantes. Pero hoy el CEH es propiedad de quienes ganaron la última elección y bajo esa concepción política es imposible democratizar el gremio. Si no hay un cambio estructural en la política que conduce el CEH, no hay cuerpo de delegades que alcance para construir un gremio verdaderamente democrático.

La propuesta del cuerpo de delegades surge, justamente, de agrupaciones que no cuentan con inserción real en el movimiento estudiantil y buscan, con métodos obsoletos, remplazar la participación directa de les estudiantes en las asambleas por mecanismos representativos y delegativos. Si ya contamos con asambleas por carrera, ¿para qué organizar algo paralelo? ¿No sería mejor unificar esfuerzos para llenar las asambleas de compañeres, fortalecerlas y dar con mayor intensidad los debates en las aulas?

Para conquistar nuestras reivindicaciones es fundamental la organización desde las bases e independiente de los gobiernos y autoridades de turno, fortaleciendo los espacios de discusión asamblearios en las carreras y en las facultades, en las aulas y en el gremio. Necesitamos construir espacios de autoorganización para democratizar los centros de estudiantes y la Federación, garantizando la participación estudiantil y generando acuerdos políticos que excedan la rosca entre organizaciones. La resistencia contra la avanzada privatista del gobierno nacional es la lucha por una educación pública y gratuita, al servicio de les trabajadores y las necesidades populares.

.

Mayo de 2017

 

Miseria de Filosofía

.

Informe de la sesión de Consejo Departamental de Filosofía [Miércoles 10 de mayo – 15 hs.] y algunos apuntes críticos sobre la situación de la carrera.

.

Sobre la sesión del CAD y la cuestiones tratadas en el mismo

Después de más de dos meses sin sesión del Consejo Asesor Departamental (CAD) de Filosofía, y con la negativa mediante de Britos y los docentes ante una convocatoria de la mayoría estudiantil hace ya varias semanas, la Directora, el “Ruda”, Acevedo e Iriart, mostraron nuevamente su miseria, que es la miseria de la carrera. Sí, Mariano Iriart está ahí, pegadito a los docentes, sin capacidad para administrar los recursos, pero asintiendo a todo lo que dice el “Ruda” y oficiando de fuerza de choque, mirando fijamente y con desprecio a nuestras consejeras. Sí, ese comportamiento provoca miedo, pero estamos organizados para enfrentar la violencia machista que la gestión permita en el CAD. Pero volvamos a su rol en el espacio del cogobierno: los graduados no tienen representación en el CAD de Filosofía o mejor, el claustro graduado representa a los docentes. También estuvo Bravo, de Mayéutica (HxEP). Estuvo callado la mayor parte del tiempo, interviniendo solamente para confluir con los ataques misóginos de la gestión Radical de la carrera contra las compañeras del Colectivo Mundo x Ganar. Penosa representación minoritaria tenemos los estudiantes.

A pesar de todo, continuamos politizando ese espacio, planteando cada debate, invitando a los compañeros a apropiarse del lugar donde se discuten las cuestiones de la carrera. Aunque la Directora Britos prefiera “discutirlas en un café”, según sus propias palabras. En este sentido, presentamos una nota repudiando el fallo de la Corte que permitía el beneficio del 2 x 1 a los genocidas y solidarizándonos con los sectores que se encuentran en lucha contra los recortes del macrismo en la Educación Pública y en Ciencia y Tecnología. El consejero Iriart votó en contra y los representantes docentes se abstuvieron. Menuda forma de develar el pensamiento de la casta oscurantista que gobierna nuestra carrera. Creemos que el conjunto de la comunidad de la carrera debe rechazar de plano estos posicionamientos de la gestión.

El segundo de los temas centrales, era la liberación del dinero a causa de la jubilación de la Dra. Graciela Fernández. Recordemos que la docente era la titular de Gnoseología y Filosofía Moderna. Los docentes, acompañados por el graduado Iriart, llevaron un papel donde proponían la distribución de ese presupuesto en distintas cátedras sin ningún tipo de fundamento (pueden verla ustedes mismos: Propuesta docente y graduado). El consejero y la consejera por la mayoría estudiantil llevaron(mos) también nuestra propuesta (ver: Propuesta mayoría estudiantil). A ambas se le sumó la propuesta de un sector de graduados que antes habían apoyado la candidatura de Mariano Iriart, pero ahora se los notaba descontentos con su representación (ver: Propuesta Vazquez). Nuestra intención era poder discutir todas las propuestas y unificar los criterios para la cobertura de cargos, teniendo en cuenta como prioritario que las asignaturas Filosofía Moderna y Gnoseología cuenten con profesores a cargo (en este momento solo una de ellas cuenta con un cargo de auxiliar y el docente se encuentra con carpeta médica) pues se hallan “acéfalas” y, además, para que los recursos de la cátedra permanezcan en la cátedra y no se pulvericen en cargos menores, mecánica habitual de la gestión que dista mucho de resolver los problemas estructurales de la carrera.

Los docentes y el graduado se negaron a discutir las propuestas, se negaron a argumentar su decisión, callaron escandalosamente cuando les planteamos la situación de Moderna y Gnoseología, censuraron las voces disidentes o que simplemente pedían fundamentos y procedieron, desconociendo el cogobierno una vez más, a dar por “ganadora” su propuesta. Realmente cuesta entender cómo es que prefieren que dos cátedras no tengan docentes, continúen acéfalas y, sin embargo, utilizar ese dinero para, por ejemplo, sacar dos cargos de Adjunto Parcial en Filosofía de la Historia. Materia de cuarto año que cuenta con 10 estudiantes como mucho y dónde el último año concursaron a los auxiliares que antes habían designado a dedo (Iriart, el propio consejero graduado y su íntimo, Omar Murad). Bah, sí, lo entendemos y es por ello que a la gestión se le hace imposible argumentar. Decir la verdad es explicitar sus mezquinos intereses de camarilla, su hábito a gestionar los pocos recursos que tenemos como si fuese una empresa privada, su profunda aversión a los estudiantes y a la Filosofía.

Nuevamente la sesión fue una puesta en escena, aunque cada vez les cuesta más ocultar su despotismo, sus prácticas antidemocráticas y su perverso gusto por la anulación de cualquier tipo de discusión razonable y racional.

.

.
Defender Filosofía: algunos apuntes críticos sobre la situación de la carrera

Sea como sea, de lo que se trata es de una gigantesca miseria, no solamente económica, sino integral. Su gestión se reduce a la distribución de esa miseria, que ha sido miseria desde siempre (ya en la épocas de Manolo Comesaña como director del Departamento se hablaba del presupuesto adeudado para la carrera –literalmente, sólo hablaba, pues, según sus propias palabras: “reclamarlo era algo muy complejo”–) la miseria de Filosofía. En lo que atañe al presupuesto, el dinero liberado de la jubilación de una docente es una buena excusa para los administradores, jamás para resolver cuestiones estructurales, para sostener la escasez que los hace existir y reproducir(se) como sector de poder, como camarilla, como oligocracia. La miseria económica es condición de la miseria integral. Expliquemos un poco más qué queremos decir con esto: sacar concursos abiertos, con jurados externos –o al menos que no sean parte de la camarilla– en las variadas áreas de la disciplina, implicaría admitir en la carrera el ingreso de otras voces, otras orientaciones políticas, otras líneas de pensamiento. Su propia concepción académica que entiende el saber como una propiedad del claustro, –claustro proviene de la palabra latina claudere cuyo significado es clausura– donde se dictamina el qué y el cómo del (des)conocimiento; los lleva a ver los concursos o, mejor, la democrática distribución del presupuesto público –que ya es antidemocrática desde el momento en que es una miseria–, como una terrible amenaza. Puede parecerles exagerada la comparación con el oscurantismo medieval, pero créannos, en materia de conocimiento no han llegado ni al liberalismo, pues sienten horror por la competencia.

Pero aún al margen de tales consideraciones sobre los profundos miedos de la oligocracia que nos gobierna/administra; su política atenta de manera brutal contra la normalidad del trabajo académico en general. Significa  el desmantelamiento de cátedras enteras, de equipos de investigación, de  colectivos de producción intelectual. Vale decir: no se trata tan sólo de los directamente golpeados, lo que ya es suficientemente grave. Es toda  la comunidad universitaria (docentes y estudiantes), es toda  la práctica vinculada a la creación de saber filosófico la que sufre un empobrecimiento desastroso.

Y este es tan sólo un  aspecto. Esta miseria viene a sumarse a las tantas otras miserias  permanentes  con los que tenemos que convivir, y que en cierto modo hemos “naturalizado”: por ejemplo, la existencia de algo así como un  60 % de docentes “interinos”, no-concursados, vale decir “inestabilizados” por la desidia, el atraso o el desinterés (desinterés bien interesado, en muchos casos) en el llamado y sustanciación de los concursos; las cátedras unipersonales que producen crisis cíclicas ante situaciones comunes como las jubilaciones docentes; la ausencia de más de un teórico; las cursadas maratónicas de 12 horas por ausencia de franjas horarias; la intervención de cátedras con docentes que jamás han trabajado esas áreas del conocimiento; la intervención de concursos (poniéndose ellos mismos de jurados) con los dictámenes más tendenciosos que hayamos visto; el ingreso de sólo 35 personas en el último año y la deserción a granel año tras año; las designaciones a dedo de acólitos en los cargos docentes sin importar la formación; el abuso de poder y hasta el acoso; los micromachismos de todos los días; la ausencia total de diálogo, de logos; el maltrato de formarnos ignorantes.

.

.

Sin embargo –seamos sinceros con nosotros mismos- en general lo estuvimos tolerando. Aunque tenemos nuestras agrupaciones gremiales, nuestros sindicatos y nuestros ámbitos de reunión colectiva, la propia dispersión de nuestra presencia física en la facultad (que en sí misma es una consecuencia del “ajuste permanente”, ya que nuestros edificios no cuentan con los espacios adecuados, en muchos casos ni siquiera los espacios adecuados para trabajar o estudiar), sumado a que estamos obligados a correr de un lado a otro para juntar de manera dislocada el dinero para llegar a fin de mes, y a cierto “individualismo competitivo” característico de la naturaleza del trabajo académico –muchas veces solitario- ha provocado esa “naturalización” del desastre que estamos describiendo.

Pero estamos llegando, al mismo tiempo, al límite de lo soportable. La docencia no es un trabajo de oficina, burocrático, rutinario, donde marcamos el reloj a la entrada y la salida, y de puro tedio nos escapamos a tomar un cafecito cuando el jefe no mira. La docencia es para el docente (primario, secundario o universitario) su existencia misma. Y ello vale también para el trabajo del estudiante. Lo que le pase a la institución por la que transitamos nos pasa a nosotros mismos, en nuestras cabezas y en nuestros cuerpos.

Entonces, ¿nuestras cabezas y nuestros cuerpos van a seguir fingiendo que todo esto es “normal”, que quizá tiene sus problemitas y sus molestias, pero nada que no suceda en cualquier trabajo? No, no podemos. Nuestra dignidad humana y la dignidad de la carrera como institución están en la picota.

La cuestión es, por otra parte, profundamente política, en el más alto y noble sentido de la palabra. Es hora de devolverle a esa palabra toda su altura y su nobleza. De no permitir que se la bastardee para los intereses mezquinos de camarillas semiocultas e irresponsables, que producen estos verdaderos atentados. Es necesario pensar qué carrera, qué Filosofía queremos y cómo puede ayudar (nos) a la sociedad que la sostiene. Para eso hay que organizarse, hay que plantearse objetivos, hay que resolver los problemas que arrastramos desde hace años. De más está decir, que las camarillas no están dispuestos a resolver, como decíamos antes, ninguno de los problemas que nos aquejan.

¿Por qué no están dispuestos a hacerlo? En parte, como dijimos al comienzo, son ellos mismos factores productores y reproductores de la miseria. Por otro lado, hay una segunda dimensión de política aquí “precisa y concreta”. La conducción de Humanidades (tanto a nivel docente, graduado y estudiantil) y de la carrera de Filosofía (a nivel docente y graduado y minoría estudiantil) es hoy una estrecha entente  entre sectores llamados kirchneristas, sectores de la UCR y sectores vinculados al PRO. Los que en el plano de la política nacional aparecen como adversarios irreconciliables conforman al interior de la Facultad una bien coordinada sociedad cuya función principal, más allá de los posicionamientos políticos individuales, parece ser la de garantizar la autoreproducción in aeternum  de ese círculo de poder, de esa suerte de oligocracia superestructural ajena a la vida cotidiana, material y concreta de las “bases” (y hablamos tanto de docentes como de estudiantes y trabajadores universitarios) que sostienen el trabajo universitario día a día, hora tras hora.

Discutir a fondo cuestiones como la presupuestaria significaría, para este grupo, entrar en estado de potencial conflicto con el gobierno y los partidos o grupos políticos que los sostienen. Eso –que además implicaría una movilización masiva del conjunto de la comunidad universitaria en apoyo a los reclamos– no pueden permitírselo: pondría en riesgo aquella autoreproducción permanente y su aferramiento al poder. No es verdad que en Humanidades haya hoy “democracia”, menos que menos en Filosofía. En los hechos es una ínfima minoría la que está en posición de tomar las decisiones importantes, ya que por ejemplo –en otra vuelta de esta espiral hecha de círculos viciosos– la inmensa mayoría constituida por los docentes “interinos” no tiene derecho a formar parte de los órganos de cogobierno de la facultad. O también –lo que ocurre con cada vez más asiduidad– directamente se pasa por encima de los órganos de cogobierno cuando hay algún sector que puedes introducirles alguna discusión (es el caso de Filosofía). O, lisa y llanamente, los órganos de cogobierno no existen como tales pues están conformados por graduados y estudiantes que funcionan como apéndice de los docentes.

En fin, ¿para qué abundar? Por donde le busquemos la vuelta, la conclusión es siempre, dramáticamente, la misma: Filosofía está en franca crisis. Así, no da para más, y sólo puede retroceder hacia un tobogán de patética decadencia. Hemos llegado al punto en que se nos obliga a decir que lo que sucede es el síntoma de una política de barbarie, oscurantismo y sinrazón. No obstante, Filosofía sigue existiendo –casi exclusivamente por el trabajo apasionado y “a pulmón”, en las peores condiciones, de aquellos docentes, estudiantes y no-docentes que la siguen queriendo pese a todo-. Es nuestra tarea defenderla, allí donde sus desautorizadas autoridades no lo están haciendo (y al contrario, consciente o inconscientemente están contribuyendo a su catástrofe).

.

A las calles por más salario docente y en defensa de la Educación Pública

CAUCE y CMxG.png
.
Pasó la primera semana de mayo y lxs docentes universitarixs realizan un paro de 120 horas en reclamo de un aumento salarial que les permita trabajar dignamente, tener una vivienda y poder darle de comer a sus hijxs. El pasado jueves 4 de mayo el Gobierno Nacional volvió a hacerles una propuesta miserable, que implicó un aumento de un 4%, a cuenta del aumento salarial de marzo.
.
La nueva oferta del Gobierno de Mauricio Macri resulta obviamente inaceptable para lxs docentes de las universidades, que exigen para este año un 35% de aumento ante la pérdida de poder adquisitivo que se vivió desde el acuerdo del año pasado. El fuerte aumento de los alquileres, de la canasta básica de alimentos, del transporte y de los materiales de estudio, lo conocemos mejor que nadie, porque los sufrimos a diario.
.
El ataque del Gobierno contra la educación pública no se limita a lo salarial, sino que se observa también en la disminución del Presupuesto Universitario Nacional, en el recorte en Ciencia y Tecnología, la eliminación de las becas de investigación en el CONICET, y el cierre de programas de finalización de estudios; todos instrumentos del Gobierno para avanzar sobre la educación pública y gratuita.
.
El objetivo de la gestión de Cambiemos es evidente a esta altura: mantener los salarios de lxs trabajadorxs a la baja (nadie puede creer que este año la inflación será del 18%), y para eso pretenden utilizar la paritaria docente como un caso “testigo”. Sin embargo, lxs docentes que defienden la educación pública no están dispuestxs a entregar esta pelea, y vienen demostrando que la única salida es la organización y las medidas de fuerza.
.
Al cese de actividades de una semana entera (del 8 al 12 de mayo) se suman la realización de clases públicas en distintas unidades académicas del país, y el próximo martes 16 las conducciones de la CONADU y CONADU Histórica convocan a una nueva Marcha Federal Educativa que será una vez más multitudinaria, en defensa de la educación pública. La necesidad de que cada vez más docentes se apropien de esta lucha es urgente, como así también que el resto de lxs integrantes de la comunidad educativa lo hagamos a la par de ellxs. Docentes, no docentes y estudiantes, tenemos que dejar de lado cualquier diferencia política para consolidar la unidad, que pueda torcer la voluntad de este Gobierno en la calle y ganarle a la política del “desgaste”.
.
En la Universidad Nacional del Comahue, hacemos un llamado especial a la coherencia y la unidad en la lucha. Con el espíritu de confluencia necesario para derrotar el ajuste en la educación, convocamos nuevamente a todos los sectores a solidarizarse con la lucha de las trabajadoras de limpieza de la Fadecs-Fadel, que están batallando hace ya un mes para conservar su fuente laboral y ser reconocidas como lo que son: trabajadoras universitarias. El proyecto antipopular del Gobierno no podría ser aplicado sin represión, tal como quedó demostrado frente al Congreso cuando lxs docentes intentaban instalar una carpa itinerante, o en la Panamericana durante el paro general del 6 de abril. Por eso, más que nunca, debemos redoblar los esfuerzos, copando las calles, para seguir peleando contra cada intento de recorte y ajuste y en defensa de una educación pública y de calidad.
.
En Mar del Plata, la conducción de ADUM intentó restarle fuerza a la medida de lucha nacional. En lugar de sumarse al Paro durante toda la semana, como lo han llevado adelante en otras regionales, decidió realizar algunas clases públicas adhiriendo tan solo a dos jornadas de paro, el jueves y el viernes. Además, la Federación Universitaria Marplatense, conducida por el Partido Socialista y Sur, y las conducciones de los centros de estudiantes kirchneristas como HxEP en Humanidades, se encargan de boicotear el desarrollo de procesos de lucha unitarios en la calle que le pongan un freno a las políticas de ajuste del macrismo. Para derrotar estas políticas docentes, estudiantes, graduades y no-docentes debemos llevar adelante una lucha a fondo en defensa de la educación pública.
.
CAUCE – CORRIENTE UNIVERSITARIA NACIONAL
.
COLECTIVO MUNDO X GANAR
.

¡Fuera Lobosco, el acosador, de la UNMdP!

.

Desde hace meses, mejor dicho: desde hace años que venimos guardando silencio. Porque las víctimas tenían miedo, sentían vergüenza, no se sentían seguras y no radicaban la denuncia, hemos concluido una y otra vez que era necesario respetar esas voluntades. Las situaciones nos llenaron de impotencia en cada ocasión, sentimos la frustración de no contar con las herramientas necesarias para poder frenar estos atropellos, esta lasciva violencia invisibilizada ante los ojos de toda la comunidad de la carrera de Filosofía. Pero hoy decimos ¡BASTA! Basta de impunidad, basta de silencio, basta de esconder la basura debajo de la alfombra porque el olor a podrido nos está asfixiando, no nos deja respirar.

.

.

El profesor Marcelo Lobosco, docente de Didáctica Especial para Filosofía, ha acosado a estudiantes y a docentes, ha ejercido violencia machista, ha abusado del poder simbólico e institucional que le otorga su cargo en la Universidad. No lo queremos más en nuestras aulas, lo consideramos una persona peligrosa.

Como dijimos, hasta ahora nos habíamos callado, incluso cuando desde hace unos meses estamos al tanto de la existencia de, al menos, seis (6) denuncias en su contra radicadas en la Facultad de Humanidades. Algunas de las personas denunciantes nos pidieron que, por favor, esperemos los tiempos institucionales para difundir la situación. Aguardamos, una vez más. Aguardamos, pero los tiempos institucionales no son algo aséptico, los tiempos institucionales son definiciones políticas y evidentemente, tras largos meses de espera, comienza el año y no hubo ninguna noticia al respecto. Ante este silencio cómplice -parecido al que se suscitó por parte del Rector Morea cuando salió a la luz que uno de los involucrados en el asesinato de Silvia Filler, ejecutada en una asamblea por la CNU en el año 1971, tenía un puesto como trabajador no docente-, ante este silencio institucional, gritamos ¡BASTA DE ACOSOS! ¡BASTA DE VIOLENCIA MACHISTA EN LA UNMDP! ¡AFUERA LOBOSCO!

 

Es muy difícil avanzar en el resquebrajamiento del patriarcado, ya que está enquistado en todos los aspectos de nuestras vidas, desde lo macro hasta lo micro, desde lo cotidiano hasta lo institucional. Las relaciones que vamos tejiendo desde que nacemos están atravesadas por la lógica patriarcal, es algo que no se cuestiona, ni siquiera hay lugar para pensarlo. Lo que está dado, como el capitalismo, suele presentarse como el único mundo posible. Los mecanismos de defensa de estos órdenes instituidos, a través de los cuales unxs oprimen a otrxs, son muy ágiles, mucho más que los mecanismos de resistencia, de cuestionamiento y de combate. Así, muchas experiencias opresivas, violentas, aplastantes y frustrantes han permanecido ocultadas y silenciadas en el ámbito de lo privado, de lo que no se habla porque no es pertinente, de lo que queda fuera de lugar, en un territorio sin leyes, o mejor dicho, con la ley del machismo. El mismo mecanismo que permite la proliferación del maltrato sistemático, del acoso sexual, de la violencia física y psicológica que doblega a las mujeres y a todxs lxs subalternos en el orden alfa-simbólico, ése mismo mecanismo tiene un reverso que implica mantener todas estas prácticas despojadas de entidad, eliminadas del discurso y condenadas al ocultamiento estrangulante. Las instituciones universitarias no son la excepción y asistimos a la reproducción del mecanismo, al pie de la letra, ejecutado por personas concretas que ostentan los puestos de poder: de Lobosco no se habla.

Entonces, romper el silencio es una decisión política. Nosotrxs tomamos la decisión de hacer pública esta situación como una tarea militante, porque consideramos que la realidad nos interpela y nos exige poner en palabras lo que aún sigue careciendo de las mismas. No es fácil, porque romper el silencio implica romper una inercia anquilosada, pero no seremos cómplices del ocultamiento. Por el contrario, hoy damos un paso más hacia la construcción de lazos solidarios, organizados y feministas, que respalden a toda víctima del patriarcado, con toda la fuerza y la potencia provenientes de la convicción de que nuestra lucha es justa.

Para ser claros, estos son algunos de los ejemplos que ilustran la violencia que denunciamos:

1) Aprisionó del brazo a una docente y, ante su resistencia, la atrajo con fuerza hacia sí. Todo sucedió bajo la mirada de terceros, a quienes realizó el clásico guiño machista, algo así como: “se hace la que no le gusta pero en el fondo lo quiere”. Imposición y humillación;

2) Mientras esta misma docente daba un concurso, la puerta del aula permanecía abierta. Al pasar Lobosco por el pasillo, la identificó y sin detenerse le gritó: “¡bruja!”;

3) En una ocasión en que iba a saludar a la docente, la forzó y le dio un beso en la boca. No hace falta aclarar que no había consentimiento;

4) En reiteradas ocasiones, les ha pedido los números de teléfonos particulares a las estudiantes con el pretexto de mantenerlas informadas respecto a cuestiones de la materia. Innumerables fueron los casos en los que nos enteramos de llamadas nocturnas con invitaciones insistentes -en algunos casos, noche tras noche-, extorsiones respecto a las calificaciones o inclusive la invención de encuentros de la cátedra en algún bar, los cuales desembocaban en una cita forzada entre el docente y la estudiante “seleccionada”;

5) Ha insistido de manera obsesiva en “invitar a salir” a estudiantes mujeres, en el espacio de la clase, frente al resto de lxs compañerxs y ha redoblado la apuesta cuando sabía que esas personas tenían pareja;

6) En reiteradas ocasiones, hizo quedarse después de clase a una estudiante, en el horario nocturno, con la excusa de discutir cosas de la materia, inmediatamente comenzaba a hacerle comentarios sobre su vida personal y a realizar una pantomima psicoanalítica. A veces, la estudiante le pedía a un compañero que la esperara afuera, pero en una ocasión que este compañero no estaba, tuvo que llamar a su padre para que la fuera a buscar porque se sentía intimidada y atemorizada ante la actitud insistente e invasiva, la cual llegaba a incluir el seguimiento por los oscuros pasillos. Esta compañera comenzó a sentirse tan mal que dejó la carrera;

7) No ha aceptado adscripciones -desconociendo el reglamento- cuando quien se presentaba no podía asistir a sus clases aunque sí pudiera estar presente en otras de la misma materia, donde se radicaría su exposición;

8) Ha puesto a lxs estudiantes de rehenes en sus peleas con otro docente de la cátedra: cada uno ponía un criterio de evaluación diferente y eran necesarias las dos firmas, si se hacía según el criterio de uno, el otro no firmaba;

9) Ha maltratado verbalmente a los estudiantes varones -o a los que Lobosco considera varones- al punto de insultar a un compañero: “vos sos tonto”;

10) Ha bloqueado el paso, con su propio cuerpo, a una estudiante cuando quería salir del aula para retirarse;

11) En una ocasión, otro docente le aconsejó que no molestara más a las estudiantes mujeres y que no las tocara. La respuesta fue: “soy amigo de muchos jueces”.

Por todo esto, afirmamos que Lobosco debe ser removido de sus cargos en la UNMdP. Ya sabemos que las autoridades inventarán excusas de cualquier tipo, intentarán desmarcarse aduciendo que no es pertinente su intervención o intentarán dilatar las cosas para que se disuelvan con el paso del tiempo, como suelen hacer ante situaciones graves. Hoy mismo, en la sesión de Consejo Departamental de la carrera de Filosofía, la directora del departamento afirmó que el expediente no ha avanzado porque “no se hallaron las pruebas como suficientes”. Estas evasivas no harán más que reproducir las estructuras de dominación patriarcal disfrazándose de formalidades y tiempos institucionales, como de hecho ha venido sucediendo.

No obstante, exigimos fervientemente que el Departamento de Filosofía y el Consejo Académico de Humanidades de la UNMdP se expidan al respecto, que den lugar a las denuncias que están cajoneadas desde hace meses y que tomen cartas en el asunto. Mientras Marcelo Lobosco continúe a cargo de una cursada, lxs estudiantes y lxs docentes continuaremos siendo víctimas potenciales o concretas de su violencia patriarcal y de la perversión institucional.

 

 

 

Filosofía

.

PARA GRACE

Ó

ELOGIO DE UNA FILÓSOFA BLASFEMA

.

si hasta siempre y desde siempre

fueras una mujer

qué lindo escándalo sería,

qué venturosa, espléndida, imposible,

prodigiosa blasfemia.

.

En una facultad que se caía a pedazos, con el piso tapado de colillas, colchones que se asomaban desde la puerta del Centro de Estudiantes y las paredes empapeladas con afiches de zurdos exigiendo el fin de la invasión a Irak, justicia por el asesinato de Fuentealba o denunciando los chanchullos de directores de Departamentos y decanos, Graciela llegaba a la clase con unas blusas coloridas, peinados extravagantes -voladores- y se acomodaba el pelo como si estuviera en la alfombra de Cannes. Nos tenía que dar la clase de Filosofía Moderna, o de Gnoseología, pero en vez de eso nos contaba los chusmeríos de los filósofos de hace 500 años. Que éste era Rosacruz, que a este otro le gustaba la joda y que aquél se tuvo que escapar porque lo querían hacer pasar por el cuchillo.

:

.

Graciela fue de las pocas docentes joviales en una carrera moribunda, fue de las pocas que desacralizaba a los filósofos y nos enseñó que no eran “estrellas fugaces que aparecían en el firmamento de la nada” sino que escribían en un contexto, discutían con otros, disputaban intereses de poder y eran humanos. Fue la única que nos propuso abordar obras de filosofía, convertirlas en obras de teatro y transformar el aula en una sala. Justamente, en una de las ocasiones en las que fuimos a pedirle al bedel algún elemento para las obras nos dijo: “esto que hacen es fantástico, nunca vi nada así en esta facultad”. De esta manera, convertimos a Hylas y Philonus en una travesti y en un vagabundo que discutían sobre la esencia de la cosa y sobre la existencia de dios. Inclusive, Graciela extendía invitaciones y así fue como, por ejemplo, hizo que el profesor Varela viniera a ver nuestro teatro. En medio de la decadencia de las cursadas, Graciela le ponía mística, jovialidad y construía nuestro sentido de pertenencia, nos hacía enamorar de la filosofía a pesar de todo, a pesar de la carrera, a pesar del mundo.

Sin hipocrecías: nos peleamos con Graciela, ¡pero claro!, ¿quién no se peleó con Graciela? Su desparpajo para opinar de esto o aquello sin medir consecuencias ha herido sensibilidades, ha mezclado lo político y lo académico con lo personal o simplemente ha ofendido. Pero con la misma liviandad con la que hablaba de cosas graves de manera exagerada, volvía a retomar el diálogo, nos invitaba a su casa para chusmear de cualquier cosa a boca de jarro y nos despertaba del sueño dogmático insistiéndonos para que nos presentáramos a las becas: ella o Ricardo nos firmarían los proyectos. Así fuimos aprendiendo a no ofendernos ni enojarnos, que Graciela es así, un torbellino, un carácter jovialmente plebeyo en medio de dinosaurios acartonados o venenosos. Siempre dispuesta a ayudar a quién pudiera convivir con su desparpajo estrafalario.

Efectivamente, cuando todos callaron, cuando todos nos dieron la espalda porque denunciábamos que se habían robado la carrera, que no paraban de meter gente a dedo, que desaparecían expedientes, que nos vaciaban las cátedras, Graciela no sólo nos apoyó, sino que se acercó a la asamblea y nos presentó un proyecto para ser Directora del Departamento de Filosofía. Efectivamente tuvo el coraje de presentar un proyecto disidente al de quienes se creen dueños de lo público, dueños de una disciplina que ni siquiera estudiaron ni estudian. Tuvo el coraje y el orgullo de soportar las descalificaciones de personajes que no le llegan ni a los talones, personajes que no han tenido en toda su vida la generosidad que ha tenido Graciela con quienes quisimos dedicarnos a la filosofía. Ahí fue, con su peinado, sus problemas de salud a cuestas, siendo mujer en un territorio de masculinidades y su glamour descontextualizado a enfrentarse con los miserables, una vez más. Los mismos que la mantuvieron como interina por 15 años, los mismos que intervinieron su cátedra a la usanza de los gobiernos de facto, los mismos que tienen el tupé de descalificarla, los mismos que para alcanzar la dignidad de Graciela tendrían que dedicarse a las tareas de Sísifo porque necesitarían toda la eternidad para acercarse.

La Doctora Graciela Fernández bregó por la formación de una generación de filósofxs marplatenses, apostó a hacer filosofía desde una ciudad que no tenía filosofía propia, vino a plantar bandera. Así, además de su docencia, hizo la Revista y las Jornadas Ágora. Cabe aclarar: proyectos que nunca fueron exclusivos ni que le cerraron las puertas a nadie que haya querido exponer sus trabajos. Ni siquiera a los traidores o a los acólitos de sus detractores. Estos proyectos no sólo perviven aún, sino que ya la trascendieron y gradualmente se van convirtiendo en su legado académico para todxs nosotrxs.

Y si las sabandijas que la empujaron a su jubilación forzada creen que se salieron con la suya, están equivocados. Hoy pareceremos los perdedores junto con Graciela, pero están muy errados. Tenemos nuestra mitología, nuestrxs héroes y nuestra historia. Esto nos dota de una identidad, nos constituye y nos muestra que ya no sólo se trata del futuro sino del presente. Graciela ha sembrado y por suerte puede contemplar parte de sus resultados.

.

mxg-sin-fondo

Elogio de Marx

Por Terry Eagleton

13177257_10153756682223822_3061029638186711841_n

Alabar a Karl Marx puede parecer tan perverso como dedicarle una   palabra amable al estrangulador de Boston. ¿No eran las ideas de Marx responsables de despotismo,  asesinato en masa, campos de trabajo, catástrofe económica y pérdida de libertad para millones de hombres y mujeres? ¿No fue uno de sus devotos discípulos un campesino georgiano paranoide de nombre Stalin, y no hubo otro que fue un brutal dictador chino que bien puede haber teñido sus manos con la sangre de unos 30 millones de personas?

La verdad es que Marx no fue más responsable de la opresión monstruosa del mundo comunista de lo que lo fue Jesús de la Inquisición. Por un lado, Marx habría despreciado la idea de que el socialismo pudiera echar raíces en sociedades atrasadas, de una pobreza desesperada y crónica, como Rusia y China. Si así fuera, entonces el resultado sería simplemente lo que él llamó “la escasez generalizada”, lo que quiere decir que todo el mundo estaría privado, no sólo los pobres. Esto significaría volver a “toda la porquería anterior” -o, con una traducción menos fina, a “la mierda de siempre”.  El marxismo es una teoría de cómo las adineradas naciones capitalistas podrían utilizar sus inmensos recursos para lograr la justicia y la prosperidad para sus pueblos. No es un programa por el cual naciones carentes de recursos materiales, de una cultura cívica floreciente, de un patrimonio democrático, de una tecnología bien desarrollada, de  tradiciones liberales ilustradas y de una mano de obra educada y cualificada puedan catapultarse a sí mismas a la era moderna.

Marx sin duda quería ver prosperar la justicia y la prosperidad en tales lugares. Escribió con rabia y con elocuencia acerca de varias de las oprimidas colonias de Gran Bretaña, y no menos de Irlanda y de la India. Y el movimiento político que su trabajo puso en marcha ha hecho más para ayudar a las naciones pequeñas a deshacerse de sus amos imperialistas que cualquier otra corriente política. Sin embargo, Marx no era tan incauto como para imaginar que el socialismo se pudiera construir en esos países sin que las naciones más avanzadas les prestaran su ayuda. Y eso significaba que la gente común de los países avanzados tenía que arrancar los medios de producción de manos de sus gobernantes y ponerlos al servicio de los condenados de la tierra. Si esto hubiera sucedido en la Irlanda del siglo XIX, no habría habido el hambre que envió a un millón de hombres y mujeres a la tumba y a otros dos o tres millones hasta los confines de la tierra.

Hay un sentido en el que el conjunto de los escritos de Marx se pueden resumir en varias preguntas embarazosas: ¿Por qué el Occidente capitalista ha acumulado más recursos de los que jamás hemos visto en la historia humana y, sin embargo, parece incapaz de superar la pobreza, el hambre, la explotación y la desigualdad? ¿Cuáles son los mecanismos por los cuales la riqueza de una minoría parece engendrar miseria e indignidad para la mayoría? ¿Por qué la riqueza privada parece ir de la mano con la miseria pública? ¿Es, como sugieren los reformistas liberales de buen corazón, que no hemos conseguido eliminar estas bolsas de miseria humana, pero que lo haremos con el paso del tiempo? ¿O es más plausible sostener que hay algo en la naturaleza del capitalismo que genera  privación y desigualdad, tan cierto como que Charlie Sheen genera chismes?

Marx fue el primer pensador en hablar en esos términos. Este desarrapado exiliado judío, un hombre que una vez comentó que nadie había escrito tanto sobre el dinero y tenía tan poco, nos legó el lenguaje con el que el sistema en que vivimos puede ser entendido como un todo. Sus contradicciones fueron analizadas, su dinámica interior dejada al descubierto, sus orígenes históricos examinados  y su potencial caída anunciada. Esto no quiere decir que Marx considerara al capitalismo simplemente como una Mala Cosa, como admirar a Sarah Palin o echar el humo del tabaco a la cara de los niños. Por el contrario, era extravagante en su alabanza de la clase que lo creó, un hecho que tanto sus críticos como sus discípulos han disimulado convenientemente. No hay sistema social en la historia, escribió, que haya demostrado ser tan revolucionario. En un puñado de siglos, las burguesías (middle classes) capitalistas habían borrado de la faz de la tierra casi todo el rastro de sus enemigos feudales. Habían acumulado tesoros materiales y culturales, inventado los derechos humanos, emancipado a los esclavos, derrocado a los autócratas, desmantelado los imperios, lucharon y murieron por la libertad humana, y sentaron las bases de una civilización verdaderamente global. Ningún documento prodiga elogios tales como ese histórico y poderoso logro que es El Manifiesto Comunista , ni siquiera el Wall Street Journal.

Eso, sin embargo, fue sólo una parte de la historia. Hay quienes ven la historia moderna como un relato apasionante de progreso, y quienes lo ven como una larga pesadilla. Marx, con su perversidad habitual, pensó que era ambas cosas. Cada avance de la civilización ha traído consigo nuevas posibilidades de  barbarie. Los lemas de la gran revolución burguesa (middle-class), “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, fueron también sus consignas. Él simplemente se preguntó por qué esas ideas no podrían ponerse en práctica sin violencia, pobreza y explotación. El capitalismo había desarrollado energías y capacidades humanas más allá de toda medida anterior. Sin embargo, no había utilizado esas capacidades para hacer que los hombres y mujeres se  liberaran de la fatiga inútil. Por el contrario, se los había forzado a trabajar más duro que nunca. En las civilizaciones más ricas de la tierra se padecía tanto como en sus antepasadas ​​del Neolítico.

Esto, consideraba Marx, no era debido a la escasez natural. Se debía a la forma peculiarmente contradictoria en la que el sistema capitalista genera sus fabulosas riquezas. Igualdad para algunos significa desigualdad de los demás, y libertad para algunos supone opresión e infelicidad para muchos. La voracidad del sistema a la búsqueda de poder y beneficio había convertido las naciones extranjeras en colonias esclavizadas, y a los seres humanos en juguetes de las fuerzas económicas más allá de su control. Había asolado el planeta con la contaminación y la hambruna masiva, y cicatrizado con guerras atroces. Algunos críticos de Marx señalan con razón la atrocidad de los asesinatos en masa en la Rusia y la China comunistas. No suelen recordar con idéntica indignación los crímenes genocidas del capitalismo: las hambrunas de finales del siglo XIX en Asia y África en los que murieron muchos millones de personas; la carnicería de la Primera Guerra Mundial, en la que las naciones imperialistas masacraron a sus propios trabajadores en la lucha por los recursos mundiales; y los horrores del fascismo, un régimen al que el capitalismo tiende a recurrir cuando su espalda está contra la pared. Sin el sacrificio de la Unión Soviética, entre otras naciones, el régimen nazi aún podría estar incólume.

Los marxistas alertaron de los peligros del fascismo mientras los políticos del llamado mundo libre seguían preguntándose en voz alta si Hitler era un tipo tan desagradable como lo pintaban. Casi todos los seguidores actuales de Marx rechazan las villanías de Stalin y de Mao, mientras que muchos no-marxistas seguirían defendiendo enérgicamente la destrucción de Dresde o Hiroshima. Las modernas naciones capitalistas son en su mayor parte fruto de una historia de genocidio, violencia y exterminio igual de detestables que los crímenes del comunismo. El capitalismo también fue forjado con sangre y lágrimas, y Marx estuvo allí para presenciarlo. Es sólo que el sistema ha estado funcionando  el tiempo suficiente para que la mayoría de nosotros olvidemos ese hecho.

La selectividad de la memoria política tiene algunas curiosas formas. Tomemos, por ejemplo, el 11/S. Me refiero al primer 11/S, no al segundo. Me refiero al 11/S que tuvo lugar exactamente 30 años antes de la caída del World Trade Center, cuando los Estados Unidos ayudaron a derrocar al gobierno democráticamente elegido de Salvador Allende en Chile,  instalando en su lugar a un dictador odioso que asesinó muchas más personas de las que murieron en ese terrible día en Nueva York y Washington. ¿Cuántos estadounidenses son conscientes de ello? ¿Cuántas veces ha sido mencionado en Fox News?

Marx no era un soñador utópico. Por el contrario, comenzó su carrera política peleando ferozmente con los utópicos soñadores que le rodeaban. Tenía tanto interés en una sociedad humana perfecta como lo pueda tener un personaje de Clint Eastwood, y nunca habló de forma tan absurda. No creía que hombres y  mujeres pudieran superar al Arcángel Gabriel en santidad. Por el contrario, creía factible que el mundo pudiera convertirse en un lugar considerablemente mejor. En eso fue un realista, no un idealista. Quienes de verdad esconden la cabeza -la moral de avestruz de este mundo-  son aquellos que niegan que no puede haber ningún cambio radical. Se comportan como si Padre de familia y la pasta dentífrica multicolor fuera a seguir existiendo en el año 4000. Toda la historia de la humanidad refuta este punto de vista.

El cambio radical, sin duda, puede no ser para mejor. Tal vez el único socialismo que veamos  sea uno impuesto a un puñado de seres humanos que puedan escabullirse de algún holocausto nuclear o de un desastre ecológico. Marx habla incluso agriamente de la posible “mutua ruina de todos los pardidos”. Un hombre que fue testigo de los horrores de la Inglaterra industrial-capitalista era poco probable que albergara presunciones idealistas acerca de sus congéneres. Todo lo que quería decir es que hay recursos más que suficientes en el planeta para resolver la mayoría de nuestros problemas materiales, así como que había comida más que suficiente en Gran Bretaña en la década de 1840 para alimentar a la hambrienta población irlandesa varias veces. Es la manera en que organizamos  la producción lo que es crucial. Notoriamente, Marx no nos proporcionó un plan sobre cómo hacer las cosas de forma diferente. Es bien sabido que  tiene poco que decir sobre el futuro. La única imagen del futuro es el fracaso del presente. No es un profeta en el sentido de mirar en una bola de cristal. Es un profeta en el sentido bíblico de alguien que nos advierte de que, a menos que cambiemos nuestras injustas maneras, es probable que el futuro sea muy desagradable. O que no haya futuro en absoluto.

El socialismo, pues, no depende de un cambio milagroso en la naturaleza humana. Algunos de los que defendieron el feudalismo contra los valores capitalistas en la Baja Edad Media predicaban que el capitalismo nunca funcionaría, ya que era contrario a la naturaleza humana. Algunos capitalistas ahora dicen lo mismo sobre el socialismo. Sin duda hay una tribu en algún lugar de la cuenca del Amazonas que cree que no puede sobrevivir un orden social donde un hombre puede casarse con la mujer de su hermano fallecido. Todos tendemos a absolutizar nuestras propias condiciones. El socialismo no ahuyentaría la rivalidad, la envidia, la agresión, la posesividad, la dominación y la competencia. El mundo todavía mantendría su ración de matones, tramposos, vividores, oportunistas y psicópatas ocasionales. Es sólo que la rivalidad, la agresión y la competencia ya no adquirirían la forma de ciertos banqueros quejándose de que sus bonos se han reducido a un unos miserables 5 millones de dólares, mientras que millones de personas en todo el mundo luchan por sobrevivir con menos de 2 dólares al día.

Marx fue un pensador profundamente moral. Habla en El Manifiesto Comunista de un mundo en el que “el libre desarrollo de cada uno condicione el libre desarrollo de todos”.  Este es un ideal para guiarnos, no una condición que podamos alcanzar nunca del todo. Pero su lenguaje es sin embargo significativo. Como buen humanista romántico, Marx creía en la singularidad del individuo. La idea impregna sus escritos de principio a fin. Tenía pasión por lo sensualmente específico y aversión a las ideas abstractas, a pesar de lo ocasionalmente necesarias que pensaba que podrían ser. Su llamado materialismo está en la raíz  del cuerpo humano. Una y otra vez, habla de la sociedad justa como aquella en la que hombres y mujeres sean capaces de realizar sus poderes y capacidades distintivos en sus propias formas distintivas. Su objetivo moral es la autorrealización placentera. En esto se une a su gran mentor Aristóteles, que entiende que la moralidad trata de cómo florecer más rica y agradablemente, y no ante todo (como la edad moderna desastrosamente imagina) sobre las leyes, derechos, obligaciones y responsabilidades.

¿Cómo este objetivo moral difiere del individualismo liberal? La diferencia es que, para lograr la verdadera realización personal, Marx cree que los seres humanos deben encontrarla en los otros,  los unos a través de los otros. No es sólo una cuestión de que cada uno haga sus propias cosas aislado de los demás. Lo que ni siquiera sería posible. El otro debe ser el terreno de nuestra propia realización, al mismo tiempo que él o ella nos proporcionan nuestra misma condición. A nivel interpersonal, es lo que se conoce como amor. En el plano político, se lo conoce como socialismo. El socialismo para Marx sería simplemente cualquier conjunto de instituciones que permitieran que esta reciprocidad ocurriera en la mayor medida posible. Piénsese en la diferencia entre una empresa capitalista, en la que la mayoría trabaja para el beneficio de unos pocos, y una cooperativa socialista, en la que mi propia participación en el proyecto aumenta el bienestar de todos los demás, y viceversa. No se trata de que haya un santo autosacrificio. El proceso está integrado en la estructura de la institución.

El objetivo de Marx es el ocio, no el trabajo. La mejor razón para ser un socialista, excepto para los pesados a los que sucede que no les gusta, es que detestas tener que trabajar. Marx pensaba que el capitalismo había desarrollado las fuerzas productivas hasta el punto de que, bajo relaciones sociales diferentes, podrían ser utilizadas para emancipar a la mayoría de hombres y mujeres de las formas más degradantes de trabajo. ¿Qué pensaba que íbamos a hacer entonces? Lo que quisiéramos. Si, como el gran socialista irlandés Oscar Wilde, optamos simplemente por estar todo el día echados, con vaporosas prendas carmesí, bebiendo absenta y leyéndonos las páginas impares de Homero uno a otro, entonces que así sea. La cuestión, sin embargo, era que este tipo de actividad libre tenía que estar disponible para todos. Nosotros ya no toleraríamos una situación en la que la minoría tuviera tiempo de ocio porque la mayoría tuviera que trabajar.

Lo que interesaba a Marx, en otras palabras, era lo que un poco engañosamente se podría llamar lo espiritual, no lo material. Si las condiciones materiales tuvieran que ser cambiadas, que lo fueran para liberarnos de la tiranía de lo económico. Él mismo era asombrosamente muy leído en literatura mundial, le encantaba el arte, la cultura y la conversación civilizada, se deleitaba con el ingenio, las comicidad y el buen humor, y una vez fue perseguido por un policía por romper una farola en el transcurso de una juerga. Era, por supuesto, ateo, pero no hay que ser religioso para ser espiritual. Fue uno de los muchos y grandes herejes judíos, y su obra está saturada de los grandes temas del judaísmo, como la justicia, la emancipación, el Día del Juicio, el reinado de paz y abundancia, la redención de los pobres.

¿Qué hay, pues, del pavoroso Día del Juicio final? ¿No preveía Marx que la humanidad requeriría una revolución sangrienta? No necesariamente. Pensaba que algunos países, como Gran Bretaña, Holanda y los Estados Unidos, podrían alcanzar el socialismo en paz. Si bien era un revolucionario, era también un vigoroso campeón de la reforma. En cualquier caso, cuando las personas dicen que se oponen a la revolución por lo general eso significa que les disgustan ciertas revoluciones, y otras no. ¿Son los estadounidenses antirrevolucionarios hostiles a la Revolución Americana como lo son a la cubana? ¿Se frotan las manos con las insurrecciones recientes de Egipto y Libia, o con las que derribaron las potencias coloniales en Asia y África? Nosotros mismos somos productos de levantamientos revolucionarios ocurridos en el pasado. Algunos procesos de reforma han sido mucho más sangrientos que algunos actos revolucionarios. Hay tantas revoluciones de terciopelo como violentas. La Revolución Bolchevique se llevó a cabo con escasas pérdidas humanas.  La Unión Soviética que engendró cayó unos 70 años más tarde, sin apenas derramamiento de sangre.

Algunos críticos de Marx rechazan una sociedad dominada por el Estado. Y así lo pensaba él. Detestaba la política de Estado tanto como le disgusta al Tea Party, aunque por razones bastante menos chuscas. ¿Fue, podrían preguntar las feministas, un patriarca victoriano? Por supuesto. Pero como algunos comentaristas (no marxistas) modernos han señalado,  fueron los hombres del mundo socialista y comunista, hasta el resurgimiento del movimiento de las mujeres en la década de 1960, los que consideraron que la cuestión de la igualdad de la mujer era vital para otras formas de liberación política. La palabra “proletariado”  se refiere a los que en la sociedad antigua eran demasiado pobres para servir al Estado con otra cosa que no fuera el fruto de su vientre. “Proletarios” significa “descendientes”. Hoy en día, en los talleres y en las pequeñas granjas del tercer mundo, el típico proletario sigue siendo una mujer.

Lo mismo ocurre con las cuestiones étnicas. En las década de 1920 y 1930, prácticamente los únicos hombres y mujeres que predicaban la igualdad racial eran comunistas. La mayoría de los movimientos anticoloniales fueron inspirados por el marxismo. El pensador antisocialista Ludwig von Mises describe el socialismo como “el movimiento de reforma más potente que la historia haya conocido jamás, la primera tendencia ideológica no limitada a una parte de la humanidad, sino respaldada por gente de todas las razas, naciones, religiones y civilizaciones”. Marx, que conocía su historia un poco mejor, podría haberle recordado a von Mises el cristianismo, pero la cuestión sigue siendo contundente. En cuanto al medio ambiente, Marx prefigura asombrosamente nuestra propia política verde. La naturaleza, y la necesidad de considerarla como aliada en lugar de antagonista, era una de sus preocupaciones constantes.

¿Por qué podría Marx volver a estar en nuestras preocupaciones? Irónicamente, la respuesta es: por el capitalismo. Cada vez que uno oye hablar a los capitalistas sobre el capitalismo, uno sabe que el sistema tiene problemas. Por lo general, prefieren un término más anodino, como el de “libre empresa”. Las crisis financieras recientes nos han obligado una vez más a pensar la organización en la que vivimos como un todo, y fue Marx quien primero lo hizo posible. Fue El Manifiesto Comunista el que predijo que el capitalismo se convertiría en mundial, y que sus desigualdades se agudizarían gravemente. ¿Tiene su trabajo algún defecto? Cientos. Pero es un pensador demasiado creativo y original para ser reducido a los vulgares estereotipos de sus enemigos.

.