Carta de una ex-trabajadora y ex-administradora y del Centro de Copiado de Humanidades sobre la situación de la fotocopiadora

Cómo destruir en un año un Centro de Copiado autogestionado

 

           Esta carta, dirigida a todxs lxs estudiantes, graduadxs y docentes que transitan cotidianamente la facultad, nace, sobre todo, como fruto de la indignación más profunda generada por lo que está sucediendo hoy en día con nuestra fotocopiadora de la Facultad de Humanidades. Digo nuestra porque, a pesar de que esté a cargo de la actual conducción del Centro de Estudiantes (CEH), todxs necesitamos de ella, todxs deberíamos abogar para que ella funcione de la mejor manera posible. A todxs debería interesarnos porque, gracias a ella, la facultad tiene la única política concreta, las becas de apuntes y de trabajo, que tiende a incluir, y hacer que permanezcan, aquellxs estudiantes que necesitan de una ayuda económica para poder cursar una carrera universitaria.

          Mi relación con la fotocopiadora nace en el año 2006 cuando entré como trabajadora militante por la Asamblea de Filosofía. Ese año la fotocopiadora debía remontar una deuda, de alrededor de 2500 pesos, de las gestiones anteriores llevadas adelante por la agrupación Atuel (PO) y por la misma que hoy conduce el CEH, la CEPA (JCR – PCR). Esta última también debía llevar adelante la administración de ese año. La política implementada por la CEPA en dicho año fue sólo un poco más “democrática” que la llevada adelante estos últimos dos años por la misma agrupación. Había comisiones de finanzas donde sólo los militantes del Frente 20 de Diciembre decidían el futuro de la fotocopiadora pero sólo la administradora (y su respectiva agrupación) resolvía cómo era utilizada la plata que “sobraba” (uso las comillas porque nunca sobraba plata sino que el sobrante era fruto de la explotación de lxs trabajadores y becadxs), así como también el monto de los sueldos de lxs trabajadorxs y el precio de la copia. Ese año, a duras penas, se remontó la deuda, aunque no del todo, gracias a que lxs militantes y lxs trabajadorxs pasábamos jornadas de 12 horas los fines de semana sin percibir remuneración alguna.

             El año siguiente, la administración de la fotocopiadora pasó a manos de Confluencia. Ese año se inauguraron las Asambleas de Trabajadores, espacio desde el cual se comenzó a reclamar un subsidio para las fotocopiadoras autogestionadas. Sin embargo, en esa asamblea no se sometía a discusión los temas más estructurales anteriormente señalados. Ni lxs trabajadorxs ni lxs becarixs decidían sobre las ganancias que generaba su trabajo. El administrador continuaba decidiendo casi en soledad qué actividades del CEH o luchas de otros sectores sociales se financiaban y cuáles no, el precio de la copia y los sueldos también.

              En el 2008 la Asamblea de Filosofía asume la administración de la fotocopiadora, como consecuencia de haber asumido también la presidencia del CEH. La administración del Centro de Copiado estaba a cargo de quien les habla. Nuestro periodo (noviembre de 2007 a septiembre de 2008) heredó una deuda de alrededor de 1500 pesos y con trabajadorxs que ya habían manifestado su deseo de realizar un paro si no se les subía el sueldo que en ese entonces era de 200 pesos. La Asamblea de Filosofía tomó una simple y única decisión: que lxs trabajadorxs y becarixs tomaran absolutamente todas las decisiones concernientes a la administración de la fotocopiadora, dejando en manos de la Asamblea de Humanidades las decisiones más estructurales.

            Allí comenzó a gestarse lo que después se llamaría el “Convenio Colectivo de Trabajo” (invito a todxs lxs interesadxs a leerlo, allí figura, a mi entender, uno de los pocos procesos de democratización que se han dado en nuestra facultad en estos últimos años). En ese Convenio se establecía el modo en el cual lxs trabajadorxs de la fotocopiadora tomarían las decisiones. A partir de allí estxs mismxs, al implicarse con la fotocopiadora, lo cual significaba también implicarse en el gremio y en políticas con las cuales ayudaban a sus propixs compañerxs de la facultad, lograron lo pocas veces visto: que los pedidos estén listos en menos de 24 horas. Lxs trabajadorxs que comenzaron a decidir sobre su propio sueldo, sobre su propia forma de trabajo, lograron hacer de la fotocopiadora un espacio ameno en el cual se sentían comprometidos, no sólo con su trabajo sino en hacer de ese lugar un espacio en el que se trabajaba también para poder sostener aún más becas. Entre muchísimas tareas, lxs trabajadorxs hablaron con lxs docentes de sus carreras para armar módulos, los cuales fueron enviados a imprenta. Gracias a ello se multiplicó la cantidad de material “fotoduplicado”, lo cual acarreaba menos costos para la fotocopiadora y que lxs estudiantes tuviesen el material sin esperar ni un solo día. La militancia activa de la mayoría de lxs que trabajábamos en la fotocopiadora (en especial, de lxs independientes) y de lxs compañerxs de los Centros de Copiado de Ciencias de la Salud y de Exactas, logró un subsidio para las fotocopiadoras. También se aprobó en dos Asambleas de Humanidades dicho Convenio Colectivo de Trabajo (aprobado también por militantes de la actual conducción del CEH), el cual fue acordado y discutido previamente en cinco Asambleas de Trabajadores (en las cuales la CEPA tenía representantes de su agrupación).

            El problema llegó, cuando de la mano de esa agrupación, ahora en la presidencia del CEH, se decidió, como primera medida política, dejar depositado el subsidio –¡conseguido por lxs trabajadorxs!– en una cuenta a nombre del presidente del CEH, decidiendo luego sobre su destino, sin consultarle a ningunx de lxs trabajadorxs ni a ningunx de lxs estudiantes de Humanidades. En dos años de administración se encargaron de dejar sin trabajo a quienes venían sosteniendo el proceso de Asambleas de Trabajadores, ya que las decisiones las querían tomar sólo ellxs. No sólo echaron a muchxs compañerxs, dejándolos sin trabajo, sino también no tomaron ni a un/a solx becarix de Servicio Social Universitario. Remplazaron a todxs lxs trabajadorxs y becarixs por militantes de su agrupación, designaron a un militante como administrador, aumentaron la copia y bajaron los sueldos. De este modo, invalidaron el Convenio Colectivo de Trabajo y tomaron todas esas medidas sin llamar a una sola Asamblea de Humanidades.

           En consonancia con esto, en este cuatrimestre, seleccionaron arbitrariamente de la lista de becarixs de Servicio Social a un cierto número de estudiantes. Es decir, si cualquier estudiante se anota hoy en Servicio Social, para ingresar a trabajar tiene que pasar un segundo filtro, la decisión de la CEPA, la cual resuelve quiénes de esa lista pueden trabajar en la fotocopiadora, dejando así afuera discrecionalmente a aquellxs que, por algún motivo u otro, no les agradan. Las decisiones autoritarias no sólo terminan aquí sino que también ahora decidieron reestructurar todo el Centro de Copiado, sin consultarle a nadie. Su ignorancia respecto del funcionamiento de la fotocopiadora –debido a la ausencia de aquellxs que tenían conocimiento del tema, los cuales fueron echadxs por la nueva administración– generó que todos los avances que se habían realizado fueran destruidos. Las colas interminables volvieron, incluso algunxs estudiantes denuncian maltratos y demoras de cuatro o cinco días en la entrega de los pedidos. Ya hay docentes que comenzaron a dejar sus carpetas en Centro de Copiados de otras facultades y estudiantes que le piden por favor a lxs docentes que dejen en empresas privadas, como Carpe Diem, Lax, New Copy, etc., el material de estudio. Esto significa una enorme y regresiva transferencia de recursos de lo que solía ser un espacio público gremial de todxs lxs estudiantes de Humanidades hacia un sector privado que no sólo es más caro sino que genera ganancias que no retornan en becas ni en nada para nadie, salvo para lxs dueñxs.

            A esta altura del relato a nadie le causaría sorpresa que le cuente que la CEPA se reivindique stalinista, puesto que no ha hecho otra cosa que tomar decisiones absolutamente autoritarias y propias de la derecha más recalcitrante. La mismísima Franja Morada tenía más decoro a la hora de pagar sus desayunos con la plata de las cajas de la fotocopiadora; de última ellxs decían abiertamente lo que eran: reformistas de derecha.

             La fotocopiadora puede funcionar mejor y muestra de esto fue la autogestión llevada adelante por la Asamblea de Trabajadores. Está ahora en todxs nosotrxs hacer nuevamente de la fotocopiadora un espacio autogestionado y asambleario como lo expresa todavía el Convenio Colectivo de Trabajo.

Paula Bedin

Profesora de Filosofía.

Participante de la Asamblea de Filosofía

y del Espacio deconstrucción asamblearia;

ex-trabajadora y ex-administradora

del Centro de Copiado de Humanidades.

Mar del Plata, 14 de Septiembre de 2010.

Cómo destruir en un año un Centro de Copiado autoigestionado (Sobre CCH – Paula Bedin)

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