El Silencio no es de los Inocentes

El silencio no es de los inocentes

 

El famoso director de trhillers, Francis Ford Morea, intentará estrenar este próximo jueves 19 de agosto en la sala Coca Maggi, en el complejo universitario, a las 9 hs., la segunda parte de su escalofriante saga ‘El silencio no es de los inocentes’.

 

            No es una novedad para nadie los escasos y bajos recursos del cine de Ford Morea: ya lo conocemos por películas como ‘Privatizando el comedor’ y ‘Todavía se lo que hicieron la asamblea pasada’. Suele decirse que las segundas nunca son buenas, pero en el cine de Morea ni las primeras ni las segundas partes son buenas. Sabemos de sus vulgares estrategias para filmar: en vacaciones y con acceso restringido, con actores de poca monta aunque muy bien pagos, con un guión que siempre parece llevar al mismo desenlace, y que no provoca el más mínimo suspenso. El cine de Morea no causa terror ni por su guión ni por sus efectos especiales sino por el clima que generan sus polémicos estrenos. Sin ir más lejos, el avant premiere de la primera parte de la saga fue sólo posible con un cordón organizado por sus guardaespaldas personales de uniforme verde.

            La segunda parte de la saga tiene como elemento central la reforma del Estatuto Universitario. Una vez más, con las aulas vacías y sin un debate previo, el rector de la Universidad de Mar del Plata, llamó no solo a una sino a dos Asambleas Universitarias para reformar los estatutos. Por supuesto que el silencio no es de los inocentes, es la herramienta que usan los culpables para encubrir sus fechorías. Por supuesto que el silencio y la defensa del mismo no es sólo de Morea y su gestión docente sino también de sus esbirros estudiantiles: CAUCES y Franja Morada quienes son capaces de hacer lo que sea por las sobras del festín docente; y La Unidad (Cepa – JCR – PCR) quien posee los cuatro asambleístas estudiantiles de Humanidades y ni siquiera ha hecho intentos de difusión, tal y como suele hacer ante cualquier conflicto que pueda debilitar a las gestiones de turno.

             La resolución del rectorado que convoca a la Asamblea Universitaria llama a reformar, en primera instancia, el artículo nº 149 del estatuto. La reforma de dicho artículo otorgará la posibilidad, en las próximas elecciones de decano, de prescindir del claustro estudiantil, reafirmando de esa manera la existencia del voto calificado y una forma de democracia de utilería en la cual un claustro –el docente- es más importante que los otros –el estudiantil, el graduado y el de los trabajadores universitarios-. A la gestión no le basta con que los estatutos ya existentes sean lo suficientemente reaccionarios sino que en función de ejecutar sus artimañas con comodidad, los vuelve aún más regresivos.

             En una segunda instancia se pretenderá reformar los artículos del Nº 1 al 148 y del 150 al 191. No hay realmente información certera sobre la totalidad de la intención de estas reformas, sin embrago, a la luz de lo ya visto se puede inferir sin mayores dificultades que dicha intención es no menos que siniestra. De hecho, una de las pocas modificaciones que ha trascendido es la de la incorporación de sólo un trabajador universitario (definidos normalmente a través de la negación de quienes sí tienen entidad: trabajadores no docentes) al Consejo Superior y sólo otro a la Asamblea Universitaria – ninguno a los Consejos Académicos-. Esta es una forma aún más burda de demostrar que la democracia universitaria es sólo una farsa: ¿qué clase de peso en las decisiones puede tener un solo representante de un claustro entero? La democracia calificada de la universidad pública sigue haciendo gala de sus provocativas artimañas: los únicos capaces de compartir su gracia son aquellos docentes concursados – sector minoritario de la población universitaria pero que paradójicamente ocupa el mayor número de cargos de gobierno- quienes se autoinstituyen como la palabra democrática, haciendo oídos sordos ante cualquier objeción, o peor aún: castigándola. Incluso, para compensar las migajas con gusto a demagogia, también incluirían, en los mismos órganos de gobierno, al director del colegio Illia, cargo elegido por el propio Rector –ni siquiera elegido por el colegio.

             En ambos casos, las reformas planteadas dejan entrever lo que siempre subyace: sólo un claustro es importante, el resto –mayoría real en la universidad- sólo ocupa lugares de ‘gentileza’ que los condenan a la dicotomía: pichones cómplices o espectadores maniatados.

             Como si esto fuera poco, los mismos que defienden el accionar funesto de la gestión (CAUCES – Franja Morada – La Unidad) pretenden ser los paladines de dicha democracia. La contradicción no parece generar ningún tipo de malestar ya que la mentira y el desfazaje absoluto entre el chamuyo y su verdadera acción política es su obsecuencia debida. Su mandamiento rector es amarás a los docentes por sobre todas las cosas.

             La reforma que se pretende llevar a cabo el 19 de Agosto, más que una reforma es una restauración. Los cambios impulsados por la gestión no pretenden mejorar el estado de cosas vigentes, sino que por el contrario nos retrotraen a estadios anteriores a la Reforma del ’18.

             Peor que no ser revolucionario es decirse revolucionario y ser reformista, y aún peor es decirse reformista y ser un restaurador.

 

 ¡No dejes que te la cuenten!

 ¡Impidamos que la grotesca película se lleve a cabo!

 

 

espacio deconstrucción asamblearia

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