Un caso más de dedocracia en Filosofía

Sed astutos como el Cholo…y mansos como palomas

El miércoles 12 de Mayo, en la sesión de Consejo Académico de la Facultad de Humanidades, se designó a dedo a Daniel “Cholo” Vázquez para cumplir funciones docentes en la materia Didáctica Especial de Filosofía. Daniel Vázquez (en adelante, “el Cholo”, como se lo conoce en la carrera) ocupa desde hace casi un año el cargo de Auxiliar docente en la Secretaría de Investigación y Posgrado, bajo la conducción de la Mg. Marta Arana y de la Decana Cristina Rosenthal (véase “Autoridades” en: http://www.mdp.edu.ar/humanidades/investigacion/index.htm). A dicho cargo sólo se accede por vía política, esto es, por decisión de la gestión de turno. Es por este motivo que un cargo así tiene, a diferencia de los restantes cargos docentes, una fecha de finalización determinada (un año), ya que debe ser redesignado anualmente en caso de que el grupo político que se encuentra momentáneamente en la gestión así lo prefiera —o no. Es un cargo que lleva el rótulo de “docente”, por cierto, pero esto obedece sólo a una cuestión burocrática (lxs bedeles, por ejemplo, también ocupan cargos docentes, pero no dictan clases; lo mismo lxs secretarixs de Departamento). Nadie espera que un auxiliar de un/a secretarix de un gabinete, de clases como parte de su responsabilidad en el cargo. Sus responsabilidades empiezan y terminan en el ámbito de la secretaría en la que fue designado.

Probablemente recuerden al Cholo por dos notas –que hemos publicado hace poco tiempo– firmadas por el Mg. Marcelo Lobosco quien, en la primera de ellas, solicita que el Consejo Departamental de Filosofía “tenga a bien incorporar en el presente ciclo como ayudante de 1ra. al Prof. Daniel Vázquez en la Catedra Didactica especial de Filosofia”, a su cargo (véase la nota escaneada en nuestro blog: https://colectivodefilosofia.files.wordpress.com/2010/03/pedidodedesignacionadedodedanielvazquez.jpg). La respuesta del Departamental fue negar la petición dedocrática del Mg. Lobosco y señalar que ese cargo ya estaba contemplado en la “propuesta integral de concursos” recientemente aprobada por este mismo órgano. Pese a este contundente rechazo, el Consejo Departamental volvió a recibir del mismo docente una segunda nota en la que nuevamente solicita la designación del Cholo en la misma cátedra, pero esta vez “como extensión de funciones de su cargo de gestión”, equivalente a un cargo de Ayudante de Trabajos Prácticos con dedicación simple (exactamente el puesto antes solicitado y denegado). Por medios alternativos, la gestión trataba obstinadamente de colocar en la carrera a uno de sus operadores políticos en Filosofía. Ante esta nueva intentona, el Departamental volvió a rechazar el pedido argumentando que se trataba indirectamente de una designación “a dedo”, puesto que todo nombramiento de un/a docente en un cargo de la universidad sin que medie un concurso público, un registro de antecedentes o alguna otra instancia de evaluación pública, es sencillamente una forma de acomodo por motivos extra-académicos (personales, clientelares, políticos).

Una de las primeras cosas que saltan a la vista a partir de este relato que hacemos aquí es que el Consejo Académico de la Facultad –con mayoría de la gestión– una vez más no respeta la decisión tomada por el Departamental de Filosofía. No se trata de un hecho aislado sino de una suerte de “recurso de última instancia” convertido en un clásico por las distintas gestiones que se han sucedido hasta la actualidad en el manejo de la Facultad. Cuando los Consejos Departamentales de las distintas carreras toman decisiones contrarias a los intereses de la gestión de turno, ésta aplica su mayoría automática (compuesta, en este momento, por la mayoría docente y lxs representantes graduadxs, adictxs a esta última, entre los cuales se encuentra nada menos que un graduado de la carrera, el Prof. Hernán Murano) y desconoce las resoluciones mayoritarias del Departamento. Poco importa, para la gestión, qué se decida en los Departamentos, mientras tengan los votos necesarios para imponer su voluntad en el Consejo Académico.

Es ya una política del Departamento de Filosofía que el ingreso a la docencia en la carrera sea a través de concursos públicos o, en su defecto,         de registros de antecedentes, nunca a través de designaciones directas o “a dedo”. Lo extraño es el grado de obstinación de la gestión en la política contraria. ¿Por qué alguien preferiría una designación a dedo a una realizada como resultado de una evaluación pública, abierta y transparente? El motivo más obvio podría ser el hecho de que el candidato o la candidata no pasarían la prueba sin la intervención milagrosa del dedo de su designador/a. Pero otra razón, menos evidente, es que se prefiera designar a dedo a alguien que, aún teniendo los antecedentes necesarios, se requiera su fidelidad incondicional para otros menesteres. Si una persona gana un cargo a través de un concurso, entonces no le debe ese cargo a nadie. Si, por el contrario, “entra por la ventana”, por una curiosa “extensión de funciones”, o por designación directa, entonces no obtiene sólo un cargo sino también una carga, una deuda con su protector/a. A esto le llamamos “clientelismo”. Un clientelismo que no se agota en el individuo aislado (el cliente) ni en su relación con un otro particular que lo designa, sino que se extiende como red clientelar en distintos ámbitos y jerarquías.

Para comprender correctamente en qué sentido la designación del Cholo se inscribe en una red clientelar que atraviesa Humanidades, es necesario reconstruir los capítulos anteriores de su historia con la gestión. Principalmente uno de ellos, el correspondiente a las últimas elecciones de graduadxs (septiembre de 2009). El Cholo, junto con Hernán Murano –actual Consejero Académico Graduado de la gestión- fue el principal operador político de la gestión a la hora de confeccionar una lista oficialista en el claustro de graduadxs de Filosofía (lista encabezada -¡jamás olvidarlo!- por Mariano Iriart). Fue él quien llevó la gente a votar; fue él quien prometió; fue el “puntero”. Su recompensa por dicho trabajo era, ni más ni menos, un cargo de Ayudante aparte de su cargo de gestión. Pero, donde existe una necesidad nace un puntero. ¿Cuáles son estas necesidades? Básicamente, puestos de trabajo. En verdad, “la gente” no es “llevada a votar”, va a votar. Los graduadxs de filosofía, tanto lxs que votaron a la gestión como lxs que no, necesitan trabajar. Algunxs aún esperan sus cargos prometidos, otrxs como el Cholo acaban de conseguirlo. El mandato implícito en la moraleja es simple: “sed astutos como el Cholo… pero mansos como las palomas”. Hay una alternativa a la falta de trabajo y no consiste en la desorganización y la sumisión, sino, por el contrario, en la organización y la participación. En efecto, desde las ayudantías de segunda que habían sido condenadas a la desaparición, hasta el reciente registro de antecedentes de Filosofía Contemporánea, fueron resultado de las distintas luchas llevadas a cabo, y constituyen puestos de trabajo para todxs lxs graduadxs, incluso para aquellxs que no nos votaron esta vez.

Sin embargo, el Cholo es un personaje más de la farsa institucional montada por la gestión, un personaje del sector de graduadxs de la gestión, comprendido políticamente por la lista “Juntos por Humanidades”, la actual conducción del Centro de Graduados. Este es  el costado declaradamente político de la red. Especialmente dentro del ámbito de Filosofía es el mencionado Hernán Murano el representante de las decisiones de la gestión en el Consejo Académico. Uno de los que votó la designación del Cholo el miércoles 12. No hay Cholo sin Murano.

La “democracia representativa” de la universidad es condición de la organización clientelar académica. El corporativismo de Hernán Murano no es una excepcionalidad del régimen académico democrático sino, por el contrario, su exponente fiel. No es sino una forma de manejarse políticamente mediante un intercambio de favores y lealtades que inhibe totalmente en el campo político la posibilidad del disenso. De esta forma, a las posiciones antagónicas no se las discute con argumentos sino que se las persigue en nombre de la “institucionalidad” democrática.

Tal como dijimos al principio fue el Consejo Académico de la Facultad el que aprobó la designación del Cholo. Es al Consejo Académico a quien tenemos que pedir explicaciones al respecto. Sabemos que no alcanza con nuestra participación política en el estrecho marco del Consejo Departamental, y que es necesaria la movilización y la participación de todxs en los espacios en los que se centraliza el poder clientelar.

Convocamos a todos y todas, sin distinción de claustro, a la próxima sesión de Consejo Académico el miércoles 26 de Mayo a las 16 hs.

¡Defendamos la autonomía de la carrera

y la posibilidad de trabajar sin pactos de sujeción!

Asamblea de Filosofía

Mar del Plata, 24 de Mayo de 2010